




En lo mas alto del cerro de Itálica, me muestra el paisaje, que yo ya conozco desde niño, pero el me va indicando como se llama cada cerro y cada finca de los alrededores.
Antes de pararnos en un pozo a darle de beber al rebaño, me canta unas coplas. Coplas que le hacen emocionarse, ya que son escritas por el y dedicadas a su difunta madre.
José es de los pocos cabreros antiguos que quedan.